
¿Por qué hace tanto calor en Ecuador?
La ubicación geográfica, la altitud, la radiación solar, la humedad, las condiciones del océano Pacífico y el cambio climático intervienen en las temperaturas que experimenta el país. Especialistas de la Universidad Estatal de Milagro explican por qué el calor puede sentirse de manera diferente entre las distintas regiones del territorio ecuatoriano.
Ecuador experimenta jornadas de altas temperaturas que generan inquietud entre la población, especialmente en las ciudades de la Costa, donde la combinación de calor y humedad puede incrementar la sensación térmica. Aunque la ubicación ecuatorial del país determina una alta exposición a la radiación solar, las temperaturas responden a la interacción de factores geográficos, atmosféricos, oceánicos y ambientales.
La ubicación geográfica es uno de los primeros elementos para comprender las condiciones térmicas del país. La Mgtr. Jennyffer Yépez, docente de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), explica que Ecuador se encuentra en la zona ecuatorial del planeta, donde los rayos solares inciden de manera más directa durante gran parte del año y las superficies reciben una importante cantidad de energía solar.
Sin embargo, encontrarse cerca de la línea ecuatorial no significa que todo el territorio registre las mismas temperaturas. La especialista señala que la altitud desempeña un papel determinante. Por esta razón, en regiones bajas como la Costa y la Amazonía predominan temperaturas más altas, mientras que en las ciudades de la Sierra, ubicadas a mayor altitud, las condiciones son diferentes.
A estos factores se suman la humedad, la nubosidad y los vientos. En las zonas cercanas al mar, los niveles elevados de humedad pueden incrementar la sensación térmica, debido a que el sudor se evapora con mayor dificultad y el organismo pierde eficiencia para disipar el calor.
La escasa nubosidad también puede intensificar la incidencia de la radiación solar sobre la superficie. Cuando predominan los cielos despejados, existe una menor cobertura de nubes que limite el paso directo de la radiación.
El Mgtr. Javier Alcázar Espinoza, director de la carrera de Ingeniería Ambiental de UNEMI, explica que el calor en Ecuador responde precisamente a la interacción de varios elementos: la ubicación ecuatorial, la altitud de cada región, la humedad, la radiación solar, la nubosidad y los vientos, además de la temperatura del océano Pacífico y la variabilidad climática asociada al fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur).
El calor también se concentra en las ciudades
A las condiciones naturales se suma un fenómeno relacionado con la configuración de los espacios urbanos: la isla de calor urbana. El cemento, el asfalto, los edificios y otras superficies construidas absorben energía durante el día y posteriormente liberan parte de ese calor, lo que puede incrementar las temperaturas en determinados sectores.
Este fenómeno puede resultar más evidente en zonas con una alta concentración de edificaciones y poca vegetación, donde disminuye la capacidad natural del entorno para regular la temperatura.
La presencia de árboles, áreas verdes y superficies permeables puede contribuir a moderar las condiciones térmicas, mientras que la expansión de zonas construidas modifica la manera en que las ciudades absorben y liberan calor.
El océano Pacífico también influye
La temperatura del océano Pacífico constituye otro componente importante de las condiciones climáticas del Ecuador. Durante episodios asociados al fenómeno de El Niño, el calentamiento de las aguas puede producir modificaciones en las condiciones atmosféricas que se sienten especialmente en la región Costa.
Estos cambios no afectan únicamente la temperatura. Las variaciones en las condiciones del océano pueden tener repercusiones ambientales, económicas y sociales.
Un reportaje difundido por Ecuavisa recoge algunos de estos efectos en balnearios de la provincia de Santa Elena, donde actividades como la pesca, el turismo y el comercio pueden experimentar cambios relacionados con las condiciones del mar.
En el sector pesquero, por ejemplo, las variaciones en la temperatura del agua pueden modificar la distribución de determinadas especies, lo que repercute en quienes dependen directamente de esta actividad y en otros actores vinculados con la cadena productiva.
El comportamiento del océano demuestra que las condiciones térmicas que experimenta Ecuador forman parte de un sistema mucho más amplio, en el que interactúan la atmósfera y el océano.
¿Por qué el calor es diferente en la Costa y la Sierra?
Las condiciones climáticas no son iguales en todo el territorio ecuatoriano. La diversidad geográfica del país permite que las temperaturas varíen considerablemente entre regiones e incluso entre localidades relativamente cercanas.
En la Sierra, la altitud y la presencia de la cordillera de los Andes generan condiciones distintas a las de las zonas bajas. A medida que aumenta la altitud, las temperaturas tienden a disminuir, lo que ayuda a explicar las diferencias que pueden registrarse entre ciudades de la región interandina y localidades de la Costa.
Por ello, una misma jornada puede sentirse de manera muy diferente entre Guayaquil, Milagro, Quito u otras ciudades del país. La altitud, la humedad, la radiación solar, la nubosidad y los vientos interactúan y determinan las condiciones particulares que experimenta cada población.
Cambio climático: un factor que no puede ignorarse
A los factores naturales se suman aquellos relacionados con la actividad humana. Dalton Guarnizo, docente de UNEMI, señala que entre los elementos que deben considerarse se encuentran el efecto invernadero, el cambio climático y la contaminación atmosférica generada por diferentes actividades humanas.
El efecto invernadero es un proceso natural que permite mantener condiciones de temperatura compatibles con la vida en el planeta. Sin embargo, el incremento de la concentración de determinados gases de efecto invernadero como consecuencia de las actividades humanas contribuye al calentamiento global y altera el equilibrio del sistema climático.
Para el Mgtr. Javier Alcázar Espinoza, este escenario trasciende las fronteras del Ecuador. El aumento de las temperaturas globales asociado al cambio climático constituye un factor que debe considerarse al analizar las condiciones actuales y futuras.
Sus efectos pueden extenderse a la salud, los ecosistemas, la disponibilidad de recursos y las actividades productivas, generando nuevos desafíos para las ciudades y comunidades.
El calor no tiene una sola explicación
Comprender por qué hace tanto calor en Ecuador implica observar la interacción de múltiples factores: la posición geográfica del país, la radiación solar, la altitud, la humedad, la nubosidad, los vientos, el comportamiento del océano Pacífico, las características de las ciudades y el cambio climático.
Por ello, atribuir las altas temperaturas a una sola causa no permite explicar la complejidad del fenómeno. Las condiciones que experimenta la población son el resultado de un sistema en el que interactúan procesos locales, regionales y globales.
Entender estos factores también permite comprender por qué el calor puede sentirse con distinta intensidad dependiendo del lugar y por qué los cambios en el clima representan un desafío que va más allá de la temperatura: sus efectos alcanzan la vida cotidiana, la salud, las actividades productivas y el ambiente.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.
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La salud mental, un componente del acompañamiento integral a los estudiantes universitarios
La Ph. D. Jesennia Cárdenas Cobo, vicerrectora Académica de Formación de Grado, y la Mgtr. Erika Ruperti, directora de la carrera de Psicología en línea, abordaron la importancia de escuchar, identificar señales de alerta y orientar a los estudiantes hacia espacios de apoyo profesional.
La salud mental forma parte de la experiencia universitaria y puede incidir en el desempeño académico, las relaciones interpersonales y la continuidad de los estudios. Por ello, reconocer las situaciones que atraviesan los estudiantes constituye un aspecto fundamental dentro de su formación integral.
El tema fue analizado en el episodio 22 de La Academia Contigo, espacio del Vicerrectorado Académico de Formación de Grado de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), con la participación de la Ph. D. Jesennia Cárdenas Cobo y la Mgtr. Erika Ruperti.
Durante el programa, la vicerrectora Académica de Formación de Grado explicó que la realidad de los estudiantes va más allá de los resultados académicos. Situaciones familiares, económicas y personales pueden influir en su desempeño y requieren una mirada integral desde la institución.
Cárdenas Cobo destacó el papel que cumplen los docentes debido a la cercanía que mantienen con los estudiantes. Desde el aula pueden identificar cambios en el comportamiento, escuchar inquietudes y orientar a quienes atraviesan alguna dificultad hacia los espacios institucionales de acompañamiento.
En este sentido, señaló la importancia de generar un entorno universitario seguro, donde los estudiantes sepan que cuentan con personas y áreas a las cuales pueden acudir cuando enfrentan una situación que afecta su bienestar.
La vicerrectora planteó, además, que este acompañamiento requiere la articulación entre docentes, directores de carrera y áreas como Bienestar Universitario, con el propósito de identificar las diferentes situaciones que pueden presentarse dentro de la comunidad estudiantil y establecer mecanismos de atención acordes con cada realidad.
La salud mental requiere una mirada cotidiana
Para la Mgtr. Erika Ruperti, directora de la carrera de Psicología en línea, hablar de salud mental implica superar la idea de que la atención psicológica está destinada únicamente a personas que atraviesan una condición patológica.
La académica explicó que las personas pueden enfrentar crisis relacionadas con circunstancias cotidianas y no cotidianas de la vida. Cambios en el sueño, pérdida del disfrute de actividades habituales o la percepción de que algo no está bien pueden constituir señales para detenerse, revisar cómo se está viviendo una situación y considerar la búsqueda de orientación profesional.
Ruperti, destacó la necesidad de modificar la percepción sobre el acompañamiento psicológico y comprenderlo como parte del cuidado integral de la persona.
Otro aspecto abordado fue la dificultad que algunas personas encuentran para pedir ayuda. Pensamientos como considerar que el problema puede resolverse individualmente, minimizar lo que ocurre o sentir vergüenza de hablar sobre una situación pueden convertirse en barreras para buscar acompañamiento.
Ante estas circunstancias, la especialista señaló la importancia de contar con sistemas de apoyo y espacios de atención donde los estudiantes puedan sentirse escuchados y sin temor a ser juzgados. El acompañamiento profesional puede contribuir a disminuir los niveles de tensión, tristeza o ansiedad y ayudar a generar mayor claridad frente a las decisiones que una persona debe tomar.
Escuchar para acompañar
Uno de los mensajes centrales del episodio fue la necesidad de que la comunidad universitaria esté atenta a las señales que pueden manifestar los estudiantes. Docentes, compañeros y otros integrantes de la institución pueden convertirse en un primer puente para orientar hacia los servicios profesionales disponibles.
La reflexión planteada desde el Vicerrectorado Académico de Formación de Grado y la carrera de Psicología en Línea apunta a comprender que el bienestar estudiantil está estrechamente relacionado con el proceso educativo.
En UNEMI, los estudiantes cuentan con espacios institucionales de acompañamiento. Acercarse, conversar y solicitar orientación puede ser un primer paso cuando una persona identifica que necesita apoyo.
El mensaje planteado durante La Academia Contigo es claro: no es necesario esperar a que una situación llegue a un punto crítico para pedir ayuda. Escuchar, acompañar y orientar forman parte de una comunidad universitaria que reconoce al estudiante desde una perspectiva integral.
Como expresó la Mgtr. Erika Ruperti durante el programa: “La vida aún no termina, aún hay espacios que vivir; no están solos, busquen ayuda”.
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La inteligencia artificial transformará los trabajos: el reto será aprender a trabajar con ella
La inteligencia artificial está modificando las tareas que forman parte de numerosas profesiones. Más que anticipar la desaparición inmediata de empleos, el desafío está en desarrollar nuevas competencias y aprender a integrar estas herramientas con criterio, creatividad y responsabilidad.
La inteligencia artificial (IA) está modificando la manera en que las personas estudian, trabajan y desarrollan sus actividades profesionales. Su avance plantea una pregunta que cobra cada vez mayor relevancia: ¿qué trabajos cambiarán con la incorporación de estas tecnologías?
Más que pensar únicamente en la desaparición de profesiones, el principal impacto puede observarse en las tareas que componen cada ocupación. Las actividades repetitivas, digitales y basadas en el procesamiento de información se encuentran entre las más susceptibles de ser automatizadas o asistidas mediante inteligencia artificial.
Las ocupaciones administrativas figuran entre las áreas con mayor exposición a la IA generativa. Actividades relacionadas con el ingreso y procesamiento de datos, la contabilidad y la asistencia administrativa pueden apoyarse cada vez más en herramientas digitales. Esto no significa necesariamente que estas profesiones desaparezcan, sino que sus funciones pueden transformarse y permitir que los profesionales dediquen mayor atención al análisis, la supervisión, la comunicación y la toma de decisiones.
El impacto alcanza también a profesiones altamente digitalizadas. Actividades vinculadas con el análisis financiero, el desarrollo web y multimedia, la programación de aplicaciones y otros servicios profesionales pueden experimentar transformaciones importantes. La capacidad de la IA para procesar textos, imágenes, voz y video amplía las posibilidades de automatización y asistencia tecnológica.
Comunicación: una profesión que evoluciona
El campo de la comunicación representa uno de los sectores donde estos cambios son especialmente visibles. La generación automática de textos, imágenes, videos y piezas gráficas permite acelerar procesos que anteriormente requerían una mayor inversión de tiempo.
Sin embargo, la estrategia comunicacional, la creatividad, el criterio editorial y la responsabilidad sobre la información continúan requiriendo intervención humana. En este contexto, los profesionales de la comunicación deberán combinar sus conocimientos disciplinares con nuevas competencias tecnológicas.
Desde la perspectiva del Mgtr. Jesús Zambrano, experto en inteligencia artificial, la transformación del mercado laboral estará marcada principalmente por la automatización de determinadas tareas y no necesariamente por la desaparición de profesiones completas.
“Pienso que la IA no va a eliminar profesiones completas de un día para otro; va a automatizar tareas dentro de ellas”, señala Zambrano. A su criterio, el profesional que aprenda a utilizar estas herramientas podrá dedicar más tiempo al criterio, la creatividad, la estrategia, la toma de decisiones y el trato humano.
Esta transformación también genera interrogantes entre quienes actualmente se forman en áreas relacionadas con la comunicación y la producción de contenidos. Para Diego Vasco Fuentes, estudiante de Multimedia y Producción Audiovisual, la evolución tecnológica abre nuevas preguntas sobre el futuro de actividades como el periodismo, la fotografía, el diseño y la docencia.
Nuevas competencias para el profesional del futuro
El avance de la inteligencia artificial plantea un desafío directo para la educación superior: formar profesionales capaces de comprender, utilizar y evaluar estas tecnologías de manera responsable.
Entre las competencias que adquirirán mayor relevancia se encuentran el manejo de inteligencia artificial y datos, las redes y la ciberseguridad, junto con capacidades humanas como el pensamiento analítico, la creatividad, la resiliencia, el liderazgo y la colaboración.
En este escenario, la formación universitaria adquiere un papel estratégico. Los estudiantes deberán desarrollar competencias tecnológicas sin descuidar aquellas relacionadas con el pensamiento crítico, la ética, la creatividad, la sensibilidad humana y la toma de decisiones.
Para el Mgtr. Jairo Suque Pérez, analista del Sistema Integrado de Medios, la transformación se producirá principalmente en las tareas que forman parte de cada profesión. “Los trabajos se van a mantener”, sostiene, al explicar que la inteligencia artificial permitirá acelerar actividades que actualmente requieren mayor tiempo, como ocurre con determinados procesos vinculados al periodismo.
El trabajo del futuro será diferente
La inteligencia artificial puede procesar grandes cantidades de información, generar contenidos y ejecutar tareas repetitivas en cuestión de segundos. Sin embargo, una profesión está integrada por múltiples responsabilidades y no todas pueden reducirse a procesos automatizados.
Por ello, uno de los principales desafíos para estudiantes, docentes, profesionales y organizaciones será desarrollar una cultura de aprendizaje permanente. La capacidad de adaptarse, incorporar nuevas herramientas y utilizarlas de manera responsable será cada vez más importante en la vida profesional.
Para las universidades, este escenario representa una oportunidad para fortalecer una formación conectada con las transformaciones del mundo laboral. El objetivo no será preparar profesionales para competir contra la inteligencia artificial, sino para trabajar con ella, utilizarla con criterio y fortalecer aquellas capacidades humanas que la tecnología no puede sustituir por completo.
La inteligencia artificial cambiará la forma en que se realizan muchos trabajos. La preparación de las nuevas generaciones será determinante para convertir esta transformación en una oportunidad de aprendizaje, innovación y desarrollo profesional.
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¿Qué le pasa al cuerpo cuando reducimos el consumo de azúcar?
Reducir el consumo de azúcar puede generar cambios positivos en el organismo, especialmente cuando se disminuyen las bebidas azucaradas, los postres y los productos ultraprocesados. Pero ¿qué ocurre realmente cuando una persona decide reducirla de forma considerable?
El primer punto que debe aclararse es que no todo el azúcar es igual. La recomendación de organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) se enfoca principalmente en los denominados azúcares libres: aquellos añadidos a alimentos y bebidas, además de los presentes naturalmente en la miel, los jarabes y los jugos de frutas. Los azúcares presentes de forma natural en frutas y verduras enteras no forman parte de esta clasificación.
La OMS recomienda que los azúcares libres representen menos del 10 % de la ingesta energética diaria y señala que reducir su consumo por debajo del 5 % puede proporcionar beneficios adicionales. En una dieta de 2.000 calorías, el límite del 10 % equivale aproximadamente a 50 gramos diarios.
Fuente: OMS – Healthy diet:
https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/healthy-diet
Menos azúcar, menos calorías
Cuando una persona consume con frecuencia gaseosas, bebidas endulzadas, dulces o postres y comienza a reducirlos, también puede disminuir considerablemente la cantidad de calorías que ingiere.
La Mgtr. Angélica Solís, nutricionista-dietista y directora de la Escuela de Salud de la Facultad de Posgrados de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), explica que esta reducción puede producirse sin disminuir drásticamente la cantidad de alimentos consumidos.
“Reducir el consumo de azúcar puede contribuir a la pérdida de peso; sin embargo, eliminarla de la dieta no garantiza, por sí solo, una disminución del peso corporal. Si una persona reemplaza el azúcar por alimentos con una alta carga calórica, el aporte energético puede mantenerse o incluso aumentar. Por eso, lo importante es conservar un balance energético adecuado, acorde con los requerimientos y las características individuales de cada persona”.
Una revisión sistemática publicada en The BMJ encontró que la reducción del consumo de azúcares se asociaba con una disminución del peso corporal, aunque los resultados dependen del patrón alimentario y de la cantidad total de energía consumida.
Fuente: Te Morenga et al., The BMJ (2013):
https://www.bmj.com/content/346/bmj.e7492
Esto significa que dejar el azúcar no garantiza por sí solo perder peso. El efecto dependerá de la alimentación en su conjunto y de si esas calorías terminan siendo reemplazadas por otros alimentos.
¿El cuerpo extraña el azúcar?
Esta es una de las dudas más frecuentes. Algunas personas aseguran experimentar fuertes deseos de consumir alimentos dulces cuando reducen o eliminan determinados productos de su dieta.
Sin embargo, hablar de una “desintoxicación del azúcar” puede resultar engañoso.
“La clave en la reducción del consumo de azúcar radica en hacerlo de manera paulatina para evitar episodios de ansiedad que puedan llevar a la persona a consumirlo con mayor frecuencia.” advierte la experta en nutrición.
La evidencia científica no permite afirmar que todas las personas desarrollen un síndrome de abstinencia al dejar el azúcar. Una revisión publicada en Appetite tampoco encontró una relación consistente entre una mayor ingesta de azúcar añadido y diferentes indicadores del apetito.
Fuente: PubMed – revisión sobre azúcar, apetito e ingesta energética:
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30489234/
El beneficio no termina en el peso
Reducir el exceso de azúcares también puede contribuir al cuidado de otros aspectos de la salud.
La OMS establece una relación entre el consumo elevado de azúcares libres y el riesgo de caries dental. Por ello, reducir su ingesta constituye una de las medidas recomendadas para proteger la salud bucal.
Fuente: OMS – Guideline: Sugars intake for adults and children:
https://www.who.int/publications/i/item/9789241549028
Este criterio también es compartido por la experta en nutrición Angélica Solis, quien además expone cómo el consumo elevado de azúcares puede influir en la salud metabólica y cardiovascular cuando forma parte habitual de una alimentación desequilibrada.
“El consumo elevado, sostenido y crónico en azúcares añadidos puede afectar de manera significativa la salud metabólica puesto que favorece el aumento de peso, aumento de los triglicéridos y contribuye al desarrollo de resistencia a la insulina”.
Entonces, ¿hay que eliminarlo por completo?
No necesariamente.
La clave está en reducir los azúcares libres y priorizar una alimentación equilibrada, en lugar de asumir que cualquier alimento que contenga azúcar debe desaparecer de la dieta.
Una estrategia sencilla puede ser comenzar por reducir las bebidas azucaradas, disminuir progresivamente el azúcar añadido al café u otras bebidas y revisar las etiquetas de los productos procesados.
La OMS recomienda priorizar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, mientras se limita el consumo de alimentos y bebidas con grandes cantidades de azúcares libres.
Fuente: OMS – Healthy diet:
https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/healthy-diet
El verdadero cambio
Dejar el azúcar no debe entenderse como una “limpieza” del organismo ni como una fórmula rápida para adelgazar. Se trata, principalmente, de reducir un componente que puede estar presente en exceso en la alimentación cotidiana.
El beneficio aparece cuando esa reducción forma parte de un conjunto de hábitos saludables: mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y moderar el consumo de productos ultraprocesados.
En otras palabras, el objetivo no debería ser vivir sin azúcar a cualquier precio, sino aprender a identificar cuánto consumimos, de dónde proviene y qué lugar ocupa dentro de nuestra alimentación diaria.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los temas que impactan nuestra vida cotidiana.
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UNEMI inicia proceso electoral para elegir a sus nuevas autoridades
El Tribunal Electoral Institucional puso en marcha el cronograma para la elección de rector/a y vicerrectores/as que ejercerán funciones durante el periodo 2027-2032.
La Universidad Estatal de Milagro (UNEMI) inició el proceso electoral para la elección de sus primeras autoridades para el periodo comprendido entre el 7 de febrero de 2027 y el 7 de febrero de 2032, conforme a la convocatoria emitida por el Tribunal Electoral Institucional y en cumplimiento de la normativa que rige estos procesos.
El proceso contempla la elección de cuatro dignidades: rector/a; vicerrector/a Académico/a de Formación de Grado; vicerrector/a de Investigación y Posgrado; y vicerrector/a de Vinculación.
El Dr. Gustavo Montero Zamora, presidente del Tribunal Electoral Institucional, explicó que el organismo trabaja en el cumplimiento del cronograma y de las disposiciones establecidas para cada etapa, con el propósito de garantizar un proceso transparente y ordenado.
“Queremos garantizar toda la transparencia de este proceso”, señaló el presidente del Tribunal, al destacar la importancia de la participación de los diferentes integrantes de la comunidad universitaria en las distintas etapas.
Como parte de las medidas adoptadas, el Tribunal habilitó una plataforma para el ingreso de información relacionada con las postulaciones y estableció la recepción de documentación en formato físico y digital. De acuerdo con lo explicado por su presidente, los documentos deberán cumplir con las condiciones establecidas para el proceso, incluida la presentación de documentación notarizada cuando corresponda.
El proceso contempla, además, mecanismos para que los participantes puedan presentar reclamos o impugnaciones. Estos procedimientos deberán realizarse dentro de las fechas establecidas en el cronograma electoral y de acuerdo con la normativa vigente.
Un proceso regido por la normativa institucional
La convocatoria se sustenta en la Constitución de la República del Ecuador, la Ley Orgánica de Educación Superior, la normativa expedida por el Consejo de Educación Superior para los procesos eleccionarios de primeras autoridades, el Estatuto Orgánico de UNEMI, el Reglamento de Elecciones institucional y demás disposiciones aplicables.
El cronograma electoral forma parte de la Resolución OCS-SO-16-2026-No1 y establece las diferentes etapas y fechas que deberán observar quienes intervengan en el proceso. El Tribunal Electoral Institucional exhortó a la comunidad universitaria a cumplir con las disposiciones, formatos oficiales y fechas determinadas para cada fase.
Entre las actividades previstas consta una jornada de postulación programada para el 27 de octubre, que se desarrollará en los espacios determinados por la institución, de acuerdo con la planificación comunicada por el Tribunal Electoral Institucional.
Participación de la comunidad universitaria
El presidente del Tribunal hizo un llamado a quienes participen como candidatos a desarrollar una campaña responsable y respetuosa, y exhortó a la comunidad universitaria a involucrarse activamente en las diferentes etapas del proceso.
“Es una oportunidad para fortalecer la democracia institucional”, manifestó el Dr. Gustavo Montero Zamora, quien además invitó a los integrantes de la comunidad universitaria a acudir al Tribunal Electoral Institucional ante cualquier situación o inquietud que se presente durante el desarrollo del proceso electoral.
De esta manera, UNEMI avanza en el cumplimiento de su cronograma electoral, con el objetivo de desarrollar un proceso organizado, transparente y participativo para la elección de las autoridades que conducirán la institución durante el período 2027-2032.
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25 años después del 11-S: el día que todavía no termina
Han pasado 25 años desde que cuatro aviones cambiaron el rumbo de la historia. Las Torres Gemelas desaparecieron en minutos, pero las consecuencias de aquel 11 de septiembre de 2001 todavía permanecen en la política, las guerras, la seguridad, la salud y la memoria de millones de personas.
Aquel martes comenzó como cualquier otro. Personas que iban al trabajo, pasajeros que abordaban un avión, familias que se despedían antes de iniciar su jornada. En pocas horas, el mundo contempló imágenes que parecían imposibles: aviones convertidos en armas, edificios envueltos en humo y miles de personas buscando una salida entre fuego, polvo y desesperación.
Diecinueve integrantes de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, otro contra el Pentágono y el cuarto cayó en Pensilvania después de que pasajeros y tripulantes intentaran recuperar el control de la aeronave. Murieron 2.977 personas de 90 países.
Pero la historia del 11-S no terminó cuando las torres cayeron.
La respuesta de Estados Unidos abrió una nueva etapa internacional. La guerra en Afganistán, posteriormente la invasión de Irak y la denominada guerra contra el terrorismo marcaron buena parte de la política mundial durante las siguientes dos décadas. La seguridad nacional adquirió una dimensión diferente y las consecuencias de aquellas decisiones todavía forman parte de los debates internacionales.
El mundo aprendió a mirar de otra manera
Los aeropuertos dejaron de ser espacios de tránsito despreocupado. Los controles se hicieron más rigurosos, la vigilancia tecnológica ganó protagonismo y las políticas de inteligencia adquirieron nuevas dimensiones. En Estados Unidos se creó el Departamento de Seguridad Nacional y se modificaron numerosas estructuras destinadas a prevenir nuevos atentados.
Pero hubo otra transformación menos visible: la manera de relacionarse con el miedo.
Durante años, las imágenes de las torres envueltas en humo, las personas corriendo por las calles de Manhattan y la nube de polvo recorriendo la ciudad permanecieron en las pantallas. El acontecimiento se convirtió en una referencia para comprender la primera parte del siglo XXI.
Y mientras aquel recuerdo permanece en quienes lo vivieron, existe una generación que lo recibió de otra manera.
Mientras las torres caían, millones de niños todavía no habían nacido.
Hoy, toda una generación de jóvenes adultos nació después de los atentados. Para ellos, el 11-S no es un recuerdo personal: es una historia recibida de sus padres, profesores, fotografías, documentales y archivos digitales. Sin embargo, aunque no vivieron aquella mañana, crecieron en el mundo que esa tragedia ayudó a transformar.
Para una generación, es memoria; para otra, es historia.
Ahí aparece una de las preguntas más importantes de este aniversario: ¿qué significa recordar una tragedia que ya pertenece también a una generación que no la vivió?
Recordar no debería significar alimentar el miedo ni convertir el dolor en una herramienta política. Significa comprender. Significa mirar hacia atrás para reconocer los errores, valorar la vida y preguntarse cuánto puede cambiar el mundo después de un solo día.
25 años de consecuencias
2001 | El impacto.
Los atentados dejan 2.977 víctimas mortales y conmocionan al mundo.
2001–2002 | La respuesta.
Comienza la guerra en Afganistán y Estados Unidos transforma buena parte de su estructura de seguridad.
2003 | Una nueva guerra.
La invasión de Irak amplía las consecuencias geopolíticas del escenario posterior al 11-S.
Década de 2000 | Un mundo más vigilado.
Los controles aeroportuarios, las políticas de inteligencia y las medidas de seguridad transforman distintos aspectos de la vida cotidiana.
Años posteriores | La enfermedad aparece como otra consecuencia.
Bomberos, policías, trabajadores de rescate, voluntarios, sobrevivientes y residentes estuvieron expuestos al polvo y a contaminantes generados después del derrumbe. Con el paso de los años aparecieron enfermedades y otras condiciones de salud asociadas a aquella exposición. Actualmente, alrededor de 152.000 personas están inscritas en el Programa de Salud del World Trade Center, creado para brindar seguimiento y tratamiento a personas afectadas por condiciones relacionadas con el 11-S.
2021 | Veinte años después.
Estados Unidos completa su retirada de Afganistán, cerrando una etapa militar iniciada tras los atentados.
2026 | Un séptimo momento de silencio.
En el 25.º aniversario, la ceremonia de conmemoración incorpora por primera vez un séptimo momento de silencio para honrar a quienes fallecieron posteriormente por enfermedades y afectaciones de salud relacionadas con el 11-S.
Un silencio para quienes murieron después
Ese último dato quizá sea uno de los más contundentes de este aniversario.
Durante 24 años, la ceremonia oficial había contemplado seis momentos de silencio relacionados con los principales acontecimientos de aquella mañana: los impactos de los aviones, el ataque al Pentágono y los derrumbes de las Torres Gemelas. En 2026 se incorpora un séptimo momento.
No recuerda un avión.
No recuerda un edificio.
Recuerda a quienes murieron después.
Es una manera de reconocer que aquella tragedia tuvo otra dimensión: las consecuencias que aparecieron meses y años después. Personas que participaron en las labores de rescate, recuperación y limpieza, así como sobrevivientes y miembros de las comunidades afectadas, terminaron enfrentando problemas de salud relacionados con la exposición posterior a los atentados.
La historia tiene, además, otra herencia difícil de medir: la manera en que cambió la percepción de comunidades enteras. Los musulmanes estadounidenses enfrentaron un incremento de prejuicios y discriminación después de los ataques, una consecuencia social que también forma parte del legado del 11-S.
Veinticinco años después, Nueva York reconstruyó sus espacios. Donde estuvieron las Torres Gemelas existe hoy un memorial que conserva los nombres de quienes murieron. La ciudad continuó adelante, pero para miles de familias la reconstrucción nunca significó olvidar.
Tampoco terminó la historia para quienes acudieron aquella mañana al lugar del desastre. Algunos rescatistas regresaron a sus casas con recuerdos difíciles de borrar. Otros enfrentaron años después enfermedades que nadie podía prever aquel día.
Una historia que todavía permanece
El tiempo ha convertido al 11-S en historia, pero no ha conseguido convertirlo completamente en pasado.
Quedan las familias que perdieron a alguien. Quedan los sobrevivientes. Quedan los rescatistas que enfermaron. Quedan las guerras que comenzaron después. Quedan las medidas de seguridad que hoy parecen normales. Quedan las discusiones sobre vigilancia, privacidad, discriminación, terrorismo, libertad y derechos humanos.
Y queda una generación que deberá decidir qué hacer con esa memoria.
Quizá, 25 años después, la pregunta ya no sea solamente qué ocurrió aquel 11 de septiembre, sino qué hicimos con lo que ocurrió.
Las Torres Gemelas ya no forman parte del horizonte de Nueva York. En el lugar donde alguna vez se levantaron, dos grandes estanques ocupan hoy sus huellas y los nombres de las víctimas permanecen inscritos en el memorial. El vacío que dejaron se convirtió también en una forma de recordar.
Porque recordar no consiste únicamente en volver a mirar las imágenes de las Torres Gemelas cayendo. Significa comprender que detrás de cada ventana, cada oficina y cada uno de los nombres que hoy permanecen en el memorial había una persona, una familia, una historia y un futuro que quedó interrumpido.
Veinticinco años después, las Torres Gemelas pertenecen a las fotografías y a los archivos de la historia, pero lo ocurrido aquella mañana continúa formando parte del mundo que habitamos.
El mayor homenaje quizá no sea mantener vivo el miedo, sino mantener viva la capacidad de aprender.
Las Torres Gemelas desaparecieron del horizonte de Nueva York en unas horas. Su ausencia, en cambio, permanece en la memoria de varias generaciones.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los temas que impactan nuestra vida cotidiana.
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