
Eliminar el plástico por completo no sería una solución inmediata. Docentes de Ingeniería Ambiental de UNEMI explican los efectos que tendría una eliminación repentina y por qué el desafío está en reducir los usos innecesarios, mejorar la gestión de los residuos y evaluar alternativas según cada contexto.
¿Qué pasaría si mañana dejáramos de utilizar plástico? La pregunta parece tener una respuesta sencilla frente a los problemas de contaminación asociados a sus residuos. Sin embargo, un escenario de eliminación total y repentina tendría consecuencias en diferentes actividades de la sociedad. Desde la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), docentes analizan el tema y plantean que el desafío está en reducir los usos innecesarios, mejorar la gestión de los residuos y determinar en qué casos este material puede ser sustituido.
El plástico forma parte de numerosos productos y procesos de la vida cotidiana. Su bajo peso, versatilidad y múltiples aplicaciones han permitido su incorporación en sectores como la salud, la alimentación, el transporte y la logística. Sin embargo, el consumo excesivo de productos desechables y de un solo uso, acompañado de una deficiente gestión de residuos, genera contaminación y representa uno de los principales problemas asociados a este material.
Para la Mgtr. Jennyffer Yépez, docente de la carrera de Ingeniería Ambiental de UNEMI, la discusión debe partir de una diferencia fundamental: eliminar el plástico no es lo mismo que eliminar aquellos usos que resultan innecesarios o desechables.
La docente plantea que Ecuador no necesariamente debe aspirar a convertirse en un país “sin plástico”, sino avanzar hacia una sociedad capaz de determinar dónde este material es indispensable, dónde puede ser sustituido y dónde su utilización resulta innecesaria. Para ello, considera necesario reducir los productos de un solo uso, promover sistemas reutilizables, incorporar criterios de ecodiseño, impulsar el reciclaje y establecer mecanismos de responsabilidad del productor.
Esta perspectiva plantea un cambio en la forma de entender el problema. Más que buscar una eliminación absoluta del material, se trata de analizar su utilización y sus impactos durante todo su ciclo de vida, considerando las características de cada alternativa antes de sustituirlo.
¿Qué ocurriría si desapareciera de un día para otro?
La situación adquiere otra dimensión cuando se analiza qué ocurriría si la eliminación fuera inmediata. El Mgtr. Raúl Minchala Hidalgo, docente de la carrera de Ingeniería Ambiental de UNEMI, advierte que una decisión de estas características provocaría una disrupción técnica y sistémica en las cadenas de suministro globales.
Una de las áreas más sensibles sería la salud. Productos como jeringas, bolsas de sangre y catéteres utilizan materiales plásticos por características relacionadas con la esterilidad, el costo y la biocompatibilidad. Una sustitución repentina obligaría a buscar materiales alternativos y podría generar dificultades para mantener las condiciones actuales de estos dispositivos.
El impacto alcanzaría también a la industria alimentaria y a la logística. La eliminación de determinados envases poliméricos podría reducir la vida útil de productos perecederos, con el consecuente riesgo de incrementar el desperdicio de alimentos. Al mismo tiempo, alternativas como el vidrio o el metal tienen un mayor peso, lo que modificaría las condiciones de transporte y podría incrementar las emisiones asociadas a esta actividad.
Minchala agrega otro elemento al debate: sustituir masivamente el plástico por materiales de origen biológico tampoco estaría exento de impactos ambientales. Una transición de esta magnitud podría incrementar la demanda de agua y suelo, generando nuevos desafíos ambientales.
El reto está en utilizar mejor los materiales
Las reflexiones de los docentes de Ingeniería Ambiental de UNEMI coinciden en que el debate ambiental requiere superar la idea de que existe una única solución para todos los usos del plástico. Una alternativa puede resultar favorable en determinado contexto y generar impactos diferentes cuando se analiza su producción, transporte, utilización y disposición final.
Por ello, el reto está en reducir el consumo innecesario, promover la reutilización, mejorar los sistemas de reciclaje y evitar que los residuos lleguen a la naturaleza. La discusión no se limita a dejar de utilizar un material, sino a revisar cómo se producen, consumen y gestionan los bienes que forman parte de la vida cotidiana.
La pregunta inicial, entonces, adquiere una respuesta más compleja: dejar de utilizar plástico de manera repentina transformaría numerosos sistemas de la sociedad y podría generar nuevos impactos ambientales. Reducir los usos innecesarios y gestionar adecuadamente los materiales plantea un camino diferente.
Desde la academia, la reflexión apunta hacia una sociedad que utilice los materiales de manera más eficiente, los mantenga durante más tiempo en circulación y evite que terminen contaminando los ecosistemas. Ese cambio requiere decisiones de consumidores, productores, instituciones y gobiernos, pero también puede comenzar con una acción cotidiana: revisar qué utilizamos, cuánto necesitamos y qué hacemos con ello cuando deja de ser útil.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.




