
La inteligencia artificial ya puede explicar conceptos, generar ejercicios y apoyar procesos de aprendizaje. Sin embargo, especialistas de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI) coinciden en que su avance no implica necesariamente la desaparición del docente, sino una transformación de su rol y de las competencias que necesitarán profesores y estudiantes.
Un estudiante puede pedirle hoy a una herramienta de inteligencia artificial que explique una fórmula, prepare ejercicios, resuma un libro o incluso le ayude a organizar un plan de estudio. En segundos puede obtener una respuesta adaptada a lo que está buscando.
Pero si una máquina puede realizar cada vez más tareas relacionadas con el aprendizaje, surge una pregunta inevitable: ¿qué lugar queda para el profesor?
La evidencia disponible apunta hacia una transformación del trabajo docente más que hacia su desaparición. La UNESCO plantea que la inteligencia artificial puede apoyar los procesos educativos, pero desde un enfoque centrado en las personas, con criterios de seguridad, ética y supervisión humana.
De profesor a diseñador y orientador
La inteligencia artificial puede asumir parte de las tareas repetitivas que consumen tiempo: generar materiales, proponer ejercicios, apoyar la planificación o facilitar determinados procesos de evaluación.
El objetivo, sin embargo, no sería sustituir al profesor, sino permitir que concentre más tiempo en aquellas funciones que requieren criterio, interacción y acompañamiento.
Para Jefferson Mendoza, magíster en Comunicación con mención en Medios Públicos y Comunitarios y docente titular de la Universidad Estatal de Milagro, la IA debe entenderse como un instrumento de transformación.
“La inteligencia artificial no debe verse como una amenaza en sí misma, sino como un catalizador de transformación. […] No sustituye al docente, sino que redefine su rol hacia el diseño, la mediación y la orientación crítica”.
Esta transformación también implica que el docente deberá desarrollar nuevas competencias: comprender las limitaciones de estas herramientas, interpretar los datos que generan, incorporarlas con sentido pedagógico y garantizar un uso ético y responsable.
Lo que una máquina no puede enseñar por sí sola
Transmitir información no es lo mismo que educar.
Un sistema puede explicar un concepto o generar una respuesta, pero el profesor debe determinar si esa respuesta es adecuada para el estudiante, identificar sus dificultades y decidir qué estrategia puede ayudarlo a comprender mejor.
La UNESCO advierte que la IA generativa puede generar información incorrecta, reproducir sesgos y plantear riesgos relacionados con la privacidad, por lo que su utilización educativa requiere supervisión y criterio humano.
Para Mendoza, existen dimensiones de la enseñanza especialmente difíciles de replicar mediante una máquina: la empatía, el acompañamiento emocional, la construcción de confianza, el juicio ético y la capacidad de adaptar el conocimiento a contextos culturales y realidades diversas.
Es precisamente en ese espacio donde la relación entre profesor y estudiante adquiere un valor que va más allá de transmitir contenidos.
El estudiante también tendrá que cambiar
La transformación no ocurre solamente del lado del profesor. La llegada de la IA también modifica lo que significa aprender.
Si una herramienta puede generar una respuesta en segundos, el desafío educativo pasa a ser comprenderla, cuestionarla, verificarla y utilizarla correctamente.
El Digital Education Outlook 2026 de la OCDE señala que la IA generativa puede favorecer el aprendizaje cuando se utiliza como tutor, asistente o compañero de trabajo y bajo principios pedagógicos. Sin embargo, cuando se emplea simplemente para delegar una tarea, puede mejorar el resultado inmediato sin producir necesariamente un aprendizaje real.
Esto plantea un reto para las instituciones educativas: evaluar no solamente el resultado final, sino también el proceso mediante el cual el estudiante llega a una respuesta.
La IA también está cambiando al profesional
El impacto de esta tecnología tampoco termina en las aulas. La IA está modificando las competencias que las organizaciones buscan en sus profesionales.
Para René Carbo, ingeniero y experto en Inteligencia Artificial y Automatización de la Universidad Estatal de Milagro, las empresas necesitan cada vez más personas capaces de combinar conocimiento especializado con tecnología y resolución de problemas.
“No basta con conocer una herramienta de inteligencia artificial; hay que saber para qué utilizarla y cómo integrarla dentro de un proceso real de una organización”.
En ese escenario, el estudiante no necesita convertirse necesariamente en programador. Debe comprender cómo interactuar con estas herramientas, analizar sus resultados y utilizarlas dentro de procesos reales.
Carbo resume este cambio desde una perspectiva práctica:
“El estudiante no debería prepararse para competir contra la inteligencia artificial; debería prepararse para ser el profesional que sabe utilizarla”.
Entonces, ¿qué pasará con los profesores?
La pregunta podría estar cambiando. Más que preguntarnos si la IA reemplazará a los profesores, el debate apunta hacia qué tipo de profesor necesitaremos en un sistema educativo donde la inteligencia artificial ya forma parte del proceso de aprendizaje.
La tecnología puede asumir tareas, agilizar procesos y ampliar el acceso a información, pero la enseñanza continúa requiriendo criterio, acompañamiento, contexto y capacidad para orientar al estudiante.
La inteligencia artificial ya está transformando la educación. Su avance modifica tareas, redefine competencias y plantea nuevas formas de enseñar y aprender.
El desafío para las universidades no será competir con la inteligencia artificial, sino formar docentes y estudiantes capaces de utilizarla con criterio, responsabilidad y sentido crítico, sin perder de vista aquello que convierte a la educación en una experiencia esencialmente humana.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.


