
¿La inteligencia artificial puede reemplazar a los profesores?
La inteligencia artificial ya puede explicar conceptos, generar ejercicios y apoyar procesos de aprendizaje. Sin embargo, especialistas de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI) coinciden en que su avance no implica necesariamente la desaparición del docente, sino una transformación de su rol y de las competencias que necesitarán profesores y estudiantes.
Un estudiante puede pedirle hoy a una herramienta de inteligencia artificial que explique una fórmula, prepare ejercicios, resuma un libro o incluso le ayude a organizar un plan de estudio. En segundos puede obtener una respuesta adaptada a lo que está buscando.
Pero si una máquina puede realizar cada vez más tareas relacionadas con el aprendizaje, surge una pregunta inevitable: ¿qué lugar queda para el profesor?
La evidencia disponible apunta hacia una transformación del trabajo docente más que hacia su desaparición. La UNESCO plantea que la inteligencia artificial puede apoyar los procesos educativos, pero desde un enfoque centrado en las personas, con criterios de seguridad, ética y supervisión humana.
De profesor a diseñador y orientador
La inteligencia artificial puede asumir parte de las tareas repetitivas que consumen tiempo: generar materiales, proponer ejercicios, apoyar la planificación o facilitar determinados procesos de evaluación.
El objetivo, sin embargo, no sería sustituir al profesor, sino permitir que concentre más tiempo en aquellas funciones que requieren criterio, interacción y acompañamiento.
Para Jefferson Mendoza, magíster en Comunicación con mención en Medios Públicos y Comunitarios y docente titular de la Universidad Estatal de Milagro, la IA debe entenderse como un instrumento de transformación.
“La inteligencia artificial no debe verse como una amenaza en sí misma, sino como un catalizador de transformación. […] No sustituye al docente, sino que redefine su rol hacia el diseño, la mediación y la orientación crítica”.
Esta transformación también implica que el docente deberá desarrollar nuevas competencias: comprender las limitaciones de estas herramientas, interpretar los datos que generan, incorporarlas con sentido pedagógico y garantizar un uso ético y responsable.
Lo que una máquina no puede enseñar por sí sola
Transmitir información no es lo mismo que educar.
Un sistema puede explicar un concepto o generar una respuesta, pero el profesor debe determinar si esa respuesta es adecuada para el estudiante, identificar sus dificultades y decidir qué estrategia puede ayudarlo a comprender mejor.
La UNESCO advierte que la IA generativa puede generar información incorrecta, reproducir sesgos y plantear riesgos relacionados con la privacidad, por lo que su utilización educativa requiere supervisión y criterio humano.
Para Mendoza, existen dimensiones de la enseñanza especialmente difíciles de replicar mediante una máquina: la empatía, el acompañamiento emocional, la construcción de confianza, el juicio ético y la capacidad de adaptar el conocimiento a contextos culturales y realidades diversas.
Es precisamente en ese espacio donde la relación entre profesor y estudiante adquiere un valor que va más allá de transmitir contenidos.
El estudiante también tendrá que cambiar
La transformación no ocurre solamente del lado del profesor. La llegada de la IA también modifica lo que significa aprender.
Si una herramienta puede generar una respuesta en segundos, el desafío educativo pasa a ser comprenderla, cuestionarla, verificarla y utilizarla correctamente.
El Digital Education Outlook 2026 de la OCDE señala que la IA generativa puede favorecer el aprendizaje cuando se utiliza como tutor, asistente o compañero de trabajo y bajo principios pedagógicos. Sin embargo, cuando se emplea simplemente para delegar una tarea, puede mejorar el resultado inmediato sin producir necesariamente un aprendizaje real.
Esto plantea un reto para las instituciones educativas: evaluar no solamente el resultado final, sino también el proceso mediante el cual el estudiante llega a una respuesta.
La IA también está cambiando al profesional
El impacto de esta tecnología tampoco termina en las aulas. La IA está modificando las competencias que las organizaciones buscan en sus profesionales.
Para René Carbo, ingeniero y experto en Inteligencia Artificial y Automatización de la Universidad Estatal de Milagro, las empresas necesitan cada vez más personas capaces de combinar conocimiento especializado con tecnología y resolución de problemas.
“No basta con conocer una herramienta de inteligencia artificial; hay que saber para qué utilizarla y cómo integrarla dentro de un proceso real de una organización”.
En ese escenario, el estudiante no necesita convertirse necesariamente en programador. Debe comprender cómo interactuar con estas herramientas, analizar sus resultados y utilizarlas dentro de procesos reales.
Carbo resume este cambio desde una perspectiva práctica:
“El estudiante no debería prepararse para competir contra la inteligencia artificial; debería prepararse para ser el profesional que sabe utilizarla”.
Entonces, ¿qué pasará con los profesores?
La pregunta podría estar cambiando. Más que preguntarnos si la IA reemplazará a los profesores, el debate apunta hacia qué tipo de profesor necesitaremos en un sistema educativo donde la inteligencia artificial ya forma parte del proceso de aprendizaje.
La tecnología puede asumir tareas, agilizar procesos y ampliar el acceso a información, pero la enseñanza continúa requiriendo criterio, acompañamiento, contexto y capacidad para orientar al estudiante.
La inteligencia artificial ya está transformando la educación. Su avance modifica tareas, redefine competencias y plantea nuevas formas de enseñar y aprender.
El desafío para las universidades no será competir con la inteligencia artificial, sino formar docentes y estudiantes capaces de utilizarla con criterio, responsabilidad y sentido crítico, sin perder de vista aquello que convierte a la educación en una experiencia esencialmente humana.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.
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¿Qué pasaría si dejáramos de utilizar plástico?
Eliminar el plástico por completo no sería una solución inmediata. Docentes de Ingeniería Ambiental de UNEMI explican los efectos que tendría una eliminación repentina y por qué el desafío está en reducir los usos innecesarios, mejorar la gestión de los residuos y evaluar alternativas según cada contexto.
¿Qué pasaría si mañana dejáramos de utilizar plástico? La pregunta parece tener una respuesta sencilla frente a los problemas de contaminación asociados a sus residuos. Sin embargo, un escenario de eliminación total y repentina tendría consecuencias en diferentes actividades de la sociedad. Desde la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), docentes analizan el tema y plantean que el desafío está en reducir los usos innecesarios, mejorar la gestión de los residuos y determinar en qué casos este material puede ser sustituido.
El plástico forma parte de numerosos productos y procesos de la vida cotidiana. Su bajo peso, versatilidad y múltiples aplicaciones han permitido su incorporación en sectores como la salud, la alimentación, el transporte y la logística. Sin embargo, el consumo excesivo de productos desechables y de un solo uso, acompañado de una deficiente gestión de residuos, genera contaminación y representa uno de los principales problemas asociados a este material.
Para la Mgtr. Jennyffer Yépez, docente de la carrera de Ingeniería Ambiental de UNEMI, la discusión debe partir de una diferencia fundamental: eliminar el plástico no es lo mismo que eliminar aquellos usos que resultan innecesarios o desechables.
La docente plantea que Ecuador no necesariamente debe aspirar a convertirse en un país “sin plástico”, sino avanzar hacia una sociedad capaz de determinar dónde este material es indispensable, dónde puede ser sustituido y dónde su utilización resulta innecesaria. Para ello, considera necesario reducir los productos de un solo uso, promover sistemas reutilizables, incorporar criterios de ecodiseño, impulsar el reciclaje y establecer mecanismos de responsabilidad del productor.
Esta perspectiva plantea un cambio en la forma de entender el problema. Más que buscar una eliminación absoluta del material, se trata de analizar su utilización y sus impactos durante todo su ciclo de vida, considerando las características de cada alternativa antes de sustituirlo.
¿Qué ocurriría si desapareciera de un día para otro?
La situación adquiere otra dimensión cuando se analiza qué ocurriría si la eliminación fuera inmediata. El Mgtr. Raúl Minchala Hidalgo, docente de la carrera de Ingeniería Ambiental de UNEMI, advierte que una decisión de estas características provocaría una disrupción técnica y sistémica en las cadenas de suministro globales.
Una de las áreas más sensibles sería la salud. Productos como jeringas, bolsas de sangre y catéteres utilizan materiales plásticos por características relacionadas con la esterilidad, el costo y la biocompatibilidad. Una sustitución repentina obligaría a buscar materiales alternativos y podría generar dificultades para mantener las condiciones actuales de estos dispositivos.
El impacto alcanzaría también a la industria alimentaria y a la logística. La eliminación de determinados envases poliméricos podría reducir la vida útil de productos perecederos, con el consecuente riesgo de incrementar el desperdicio de alimentos. Al mismo tiempo, alternativas como el vidrio o el metal tienen un mayor peso, lo que modificaría las condiciones de transporte y podría incrementar las emisiones asociadas a esta actividad.
Minchala agrega otro elemento al debate: sustituir masivamente el plástico por materiales de origen biológico tampoco estaría exento de impactos ambientales. Una transición de esta magnitud podría incrementar la demanda de agua y suelo, generando nuevos desafíos ambientales.
El reto está en utilizar mejor los materiales
Las reflexiones de los docentes de Ingeniería Ambiental de UNEMI coinciden en que el debate ambiental requiere superar la idea de que existe una única solución para todos los usos del plástico. Una alternativa puede resultar favorable en determinado contexto y generar impactos diferentes cuando se analiza su producción, transporte, utilización y disposición final.
Por ello, el reto está en reducir el consumo innecesario, promover la reutilización, mejorar los sistemas de reciclaje y evitar que los residuos lleguen a la naturaleza. La discusión no se limita a dejar de utilizar un material, sino a revisar cómo se producen, consumen y gestionan los bienes que forman parte de la vida cotidiana.
La pregunta inicial, entonces, adquiere una respuesta más compleja: dejar de utilizar plástico de manera repentina transformaría numerosos sistemas de la sociedad y podría generar nuevos impactos ambientales. Reducir los usos innecesarios y gestionar adecuadamente los materiales plantea un camino diferente.
Desde la academia, la reflexión apunta hacia una sociedad que utilice los materiales de manera más eficiente, los mantenga durante más tiempo en circulación y evite que terminen contaminando los ecosistemas. Ese cambio requiere decisiones de consumidores, productores, instituciones y gobiernos, pero también puede comenzar con una acción cotidiana: revisar qué utilizamos, cuánto necesitamos y qué hacemos con ello cuando deja de ser útil.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.
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¿Cuántas horas debemos dormir según nuestra edad?
El descanso cambia a lo largo de la vida. Especialistas de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI) explican cuánto tiempo de sueño necesitamos en cada etapa y por qué no basta únicamente con contar las horas.
Dormir las horas adecuadas es una necesidad que cambia de acuerdo con la etapa de la vida. Desde los primeros meses hasta la adultez mayor, el organismo requiere diferentes períodos de descanso para acompañar procesos como el crecimiento, la recuperación física, el aprendizaje y el bienestar emocional.
De acuerdo con las recomendaciones difundidas por Mayo Clinic, los recién nacidos de 0 a 3 meses necesitan entre 14 y 17 horas de sueño al día, incluidos los períodos de siesta. En los bebés de 4 a 11 meses, la recomendación se sitúa entre 12 y 15 horas.
El Dr. Tyrone Toala, médico de Servicios de Bienestar Universitario de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), explica que esta necesidad disminuye progresivamente conforme avanza el desarrollo.
Los niños pequeños de 1 a 2 años requieren entre 11 y 14 horas, mientras que los preescolares de 3 a 5 años necesitan entre 10 y 13 horas diarias. En la edad escolar, entre los 6 y 13 años, la recomendación se ubica entre 9 y 11 horas por noche. Para los adolescentes de 14 a 17 años, el rango recomendado es de 8 a 10 horas.
“Conforme avanza el desarrollo, la necesidad baja: los preescolares de 3 a 5 años deben dormir de 10 a 13 horas, los niños en edad escolar de 6 a 13 años entre 9 y 11 horas y los adolescentes de 14 a 17 años necesitan de 8 a 10 horas”, señala el Dr. Toala.
En la etapa adulta, las necesidades continúan ajustándose. Las personas de 18 a 64 años requieren generalmente entre 7 y 9 horas de sueño por noche, mientras que para los adultos de 65 años en adelante el rango recomendado se encuentra entre 7 y 8 horas.
Dormir bien no depende únicamente de contar las horas
La cantidad de sueño es un indicador importante, pero un descanso adecuado también involucra otros factores. Mantener horarios relativamente regulares, generar condiciones apropiadas para dormir y prestar atención a las señales del organismo forman parte de los hábitos que pueden favorecer un sueño saludable.
Desde el ámbito de la salud mental, la Mgtr. Joselyn Noboa, psicóloga de UNEMI, destaca la importancia de considerar la relación entre el sueño y el bienestar emocional.
“Como psicóloga puedo orientar sobre la importancia del sueño y los hábitos que favorecen un descanso saludable. La cantidad de horas depende de la edad, pero si una persona tiene dificultades persistentes para dormir o descansar, es importante una valoración médica”, explica.
Las dificultades para conciliar o mantener el sueño, los despertares frecuentes o la sensación constante de no haber descansado pueden requerir atención profesional, especialmente cuando estas situaciones se mantienen en el tiempo e interfieren con las actividades cotidianas.
Para la comunidad universitaria, conocer las necesidades de sueño según la edad permite comprender que el descanso también forma parte del cuidado de la salud. La orientación de profesionales, como los que integran los Servicios de Bienestar Universitario de UNEMI, puede contribuir a identificar situaciones que requieren una atención más específica.
En definitiva, no existe una cantidad de horas de sueño que sea igual para todas las personas durante toda la vida. Las necesidades cambian según la edad y las condiciones individuales. Más allá de alcanzar un determinado número de horas, mantener hábitos saludables y prestar atención a la calidad del descanso son aspectos importantes para el bienestar cotidiano.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los temas que forman parte de nuestra vida cotidiana.
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¿Estudiar una carrera universitaria sigue siendo rentable?
Estudiar una carrera universitaria continúa siendo una vía para desarrollar conocimientos, adquirir competencias y acceder a oportunidades profesionales. Sin embargo, el valor de un título depende cada vez más de la capacidad de adaptarse, actualizar conocimientos y responder a las necesidades de un mercado laboral en transformación. El Ph. D. Eduardo Espinoza Solís, decano de la Facultad de Posgrados de UNEMI, explica qué factores deben considerar los jóvenes al momento de elegir una carrera.
Durante años, obtener un título universitario ha sido considerado uno de los principales caminos para construir una trayectoria profesional. Sin embargo, los cambios tecnológicos y las nuevas demandas del mercado laboral plantean una pregunta: ¿sigue siendo rentable estudiar una carrera universitaria?
Para el Ph. D. Eduardo Espinoza Solís, el valor de una carrera va más allá del título o del salario que pueda obtenerse después de la graduación.
“Porque una carrera no solamente te entrega conocimientos; te enseña a pensar, resolver problemas y te da una base profesional. El título sigue siendo importante, la educación es capaz de cambiar la historia de una persona y de su familia.”
¿Qué considerar al elegir una carrera?
La decisión no debería basarse únicamente en cuánto dinero puede generar una profesión. También es importante analizar los intereses, las habilidades personales y las oportunidades que ese campo profesional podría ofrecer en el futuro.
“Yo buscaría el equilibrio entre tres cosas: qué me apasiona, en qué soy bueno y qué oportunidades tendrá esa profesión en el futuro. Elegir únicamente por gusto o únicamente por dinero puede ser un error.”
Esta mirada también implica conocer las tendencias del sector y las competencias que serán necesarias para desenvolverse profesionalmente.
El mercado laboral está cambiando
La inteligencia artificial, la automatización y las nuevas tecnologías están transformando tareas, procesos y perfiles profesionales. Por ello, obtener un título universitario puede ser el punto de partida, pero la formación no termina con la graduación.
“Porque el conocimiento cambia demasiado rápido. Hoy puedes graduarte y en pocos años parte de lo que aprendiste puede haber cambiado. Por eso necesitamos profesionales que sigan aprendiendo, desarrollen nuevas competencias y sepan adaptarse, especialmente frente a tecnologías como la inteligencia artificial.”
La empleabilidad, por tanto, también puede estar relacionada con la experiencia, las competencias profesionales, el dominio de herramientas digitales, los idiomas y la capacidad de adaptación.
¿Por qué es importante seguir aprendiendo?
Una especialización, una maestría, una certificación u otros procesos de formación pueden contribuir a profundizar conocimientos y desarrollar nuevas competencias de acuerdo con las necesidades de cada profesión.
La clave está en entender la formación continua como parte de una trayectoria profesional que puede evolucionar con el tiempo.
¿Vale la pena estudiar una carrera universitaria?
La educación superior continúa siendo una vía para adquirir conocimientos especializados y desarrollar competencias profesionales. Sin embargo, elegir una carrera requiere mirar más allá de los próximos años.
Espinoza recomienda investigar, conversar con profesionales y conocer las oportunidades del mercado laboral antes de tomar una decisión.
“Que no elija pensando solamente en los próximos cuatro o cinco años, sino en la vida que quiere construir. Que investigue, converse con profesionales, conozca el mercado laboral y se pregunte: ¿me veo creciendo y reinventándome en este campo durante los próximos veinte años? Esa pregunta puede cambiar completamente su decisión.”
El mercado laboral puede cambiar, pero la capacidad de aprender, adaptarse y seguir desarrollándose puede acompañar a una persona durante toda su trayectoria.
Estudiar una carrera puede ser el comienzo de un camino profesional; mantener el aprendizaje activo permite seguir construyéndolo.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.
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¿Qué profesiones tendrán mayor demanda en los próximos 10 años?
Tecnología, agroindustria, ingeniería, energía, logística y salud aparecen entre las áreas con oportunidades de crecimiento. Sin embargo, el futuro laboral en Ecuador dependerá también de la inversión, la productividad y la capacidad del país para fortalecer los sectores vinculados con el comercio internacional.
Elegir una carrera pensando en el futuro implica mirar más allá de las profesiones que hoy tienen mayor demanda. En Ecuador, las oportunidades laborales estarán vinculadas a la capacidad del país para generar inversión, aumentar su productividad y fortalecer los sectores que participan en el comercio internacional.
En mayo de 2026, el empleo adecuado alcanzó el 36,6 %, mientras que el 52,8 % de las personas ocupadas se encontraba en el sector informal, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Estas cifras reflejan los desafíos que mantiene el mercado laboral ecuatoriano y muestran que las oportunidades profesionales no necesariamente crecerán de manera uniforme en todos los sectores.
Para Ángel Maridueña Larrea, economista, Ph. D. y máster en Economía por la Universidad de Buenos Aires, y director de la Escuela de Negocios de la Facultad de Posgrados de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), el futuro del empleo debe analizarse a partir de los sectores capaces de generar productividad, inversión y exportaciones.
“Las oportunidades reales no se abrirán en todo el mercado, sino en la franja formal y de mayor productividad, que es pequeña y está atada a lo que Ecuador vende al mundo. Una economía dolarizada crece cuando exporta, recibe inversión y produce con mayor eficiencia”.
Exportaciones que demandan nuevos profesionales
Los datos del Banco Central del Ecuador muestran el crecimiento del sector exportador no petrolero. En 2025, estas exportaciones alcanzaron USD 29.401,9 millones, un incremento del 18,3 % frente al año anterior. Entre los productos que impulsaron este desempeño se encuentran el camarón, cacao, banano y otros bienes agroindustriales.
Este escenario puede generar oportunidades para profesionales vinculados con agroindustria, acuicultura, gestión de calidad, trazabilidad, logística y comercio exterior.
Maridueña considera que el desafío está en avanzar desde la producción de materias primas hacia actividades que incorporen mayor valor.
“Las carreras agroindustriales, acuícolas y de gestión de calidad y trazabilidad tendrán un espacio importante, porque son parte del corazón exportador. El reto no es solamente producir materia prima, sino procesarla, certificar y venderla con marca, que es donde está el valor”.
Ingeniería, energía y minería
La inversión y el desarrollo de sectores estratégicos también pueden generar nuevas necesidades profesionales. Entre las áreas señaladas por Maridueña se encuentran las ingenierías relacionadas con minería, energía, geología, ambiente y logística.
En este escenario, perfiles vinculados con ingeniería eléctrica, energética y ambiental, así como profesionales de geología, minería y mantenimiento industrial, pueden encontrar nuevas oportunidades conforme evolucionen la inversión y los proyectos productivos del país.
Tecnología: una competencia transversal
La transformación digital atraviesa prácticamente todos los sectores. A escala internacional, el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial ubica entre las ocupaciones con mayor crecimiento porcentual hacia 2030 a especialistas en big data, FinTech, inteligencia artificial y aprendizaje automático, y desarrollo de software y aplicaciones.
El informe también identifica a la inteligencia artificial y big data, las redes y ciberseguridad y la alfabetización tecnológica entre las habilidades cuya importancia crecerá con mayor rapidez. A estas se suman competencias humanas como pensamiento creativo, resiliencia, flexibilidad y aprendizaje continuo.
Para Ecuador, estas competencias no necesariamente pertenecen únicamente a carreras tecnológicas. Un profesional de comercio exterior que domine análisis de datos, un administrador que incorpore herramientas de inteligencia artificial o un ingeniero familiarizado con tecnologías digitales puede responder a necesidades cada vez más presentes en las organizaciones.
Salud y cuidado también tendrán espacio
No todas las oportunidades estarán relacionadas con tecnología o exportaciones. Las transformaciones demográficas también están modificando las necesidades del mercado laboral.
El Foro Económico Mundial proyecta un crecimiento significativo hacia 2030 de ocupaciones vinculadas con enfermería, cuidado personal, trabajo social y educación, asociado, entre otros factores, con cambios demográficos como el envejecimiento de la población en determinadas economías.
Para Maridueña, se trata de un campo con una característica particular:
“La salud y el cuidado mantendrán demanda porque la población envejece y ese servicio no se importa”.
Más que elegir una carrera, prepararse para el cambio
Las tendencias actuales no permiten asegurar que una profesión garantizará empleo durante los próximos diez años. Su evolución dependerá del comportamiento de la economía, la inversión, la incorporación de nuevas tecnologías y las necesidades específicas de cada sector.
Áreas como tecnología y datos; agroindustria y acuicultura; ingeniería, energía y minería; logística y comercio exterior; y salud y cuidado muestran señales relevantes para analizar el futuro profesional. No necesariamente se tratará de profesiones completamente nuevas, sino de campos en los que las carreras existentes deberán incorporar nuevas herramientas, competencias y conocimientos.
En un mercado laboral en transformación, la capacidad de actualizarse, adaptarse y combinar conocimientos especializados con nuevas habilidades puede ser tan importante como el título profesional.
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¿Cómo está cambiando la inteligencia artificial la educación?
La inteligencia artificial está transformando la manera de enseñar, aprender y evaluar. La Mgtr. Graciela Castro, directora de la Escuela de Educación de la Facultad de Posgrados de UNEMI, explica cómo aprovechar estas herramientas sin reemplazar el aprendizaje ni el pensamiento crítico.
La inteligencia artificial (IA) ya forma parte de la educación. Herramientas capaces de generar textos, explicar conceptos, organizar información o apoyar procesos de investigación ofrecen nuevas posibilidades para estudiantes y docentes.
Pero su incorporación también plantea nuevos desafíos: ¿cómo utilizar la IA para aprender realmente?, ¿qué papel tendrá el docente? y ¿cómo deberían cambiar las formas de evaluación?
Para la profesional, el impacto de esta tecnología implica repensar algunos procesos educativos.
“La transformación más profunda está en que nos obliga a revisar qué enseñamos y cómo evaluamos. La incorporación de IA necesita una intención pedagógica clara y considerar las diferencias de acceso y preparación de nuestros estudiantes.”
Inteligencia artificial: una herramienta para aprender
Uno de los principales aportes de la IA en la educación es el acceso rápido a explicaciones, información e ideas que pueden complementar el aprendizaje.
Sin embargo, utilizar estas herramientas no garantiza que exista aprendizaje. Su uso debe partir del trabajo y razonamiento del propio estudiante.
Antes de recurrir a la IA, es recomendable intentar resolver una actividad, identificar las dificultades y utilizarla como apoyo para comprender aquello que todavía no se domina.
“En lugar de solicitar un ensayo completo, podrían presentar una idea que hayan desarrollado y pedir que se señalen sus debilidades. Eso les permite volver sobre su razonamiento y mejorarlo.”
Además, la información generada debe ser contrastada con fuentes confiables. Para Castro, una evidencia de aprendizaje ocurre cuando el estudiante puede explicar con sus propias palabras lo que hizo, justificar sus decisiones y aplicar lo aprendido en una situación diferente.
¿La inteligencia artificial reemplazará a los docentes?
La incorporación de la IA también está modificando el rol de los profesores. Si una herramienta puede proporcionar información en segundos, el docente adquiere mayor importancia como guía del proceso de aprendizaje.
Orientar, contextualizar, estimular el pensamiento crítico y ayudar a distinguir información confiable son tareas que requieren criterio pedagógico y una relación humana.
“La IA hace más visible la necesidad de un docente que oriente, dialogue y acompañe el aprendizaje.”
Este escenario también plantea la necesidad de revisar las prácticas educativas. Proyectos, debates, resolución de problemas y actividades que permitan explicar el proceso pueden adquirir mayor relevancia frente a evaluaciones basadas únicamente en la repetición de contenidos.
El desafío de evaluar en tiempos de IA
La evaluación es uno de los principales retos que plantea esta tecnología en la educación.
Si un estudiante puede utilizar estas herramientas para generar textos, resolver ejercicios o elaborar presentaciones, las instituciones educativas deben encontrar formas de comprobar que realmente comprende y puede aplicar los conocimientos adquiridos.
Esto no significa necesariamente prohibir la IA, sino establecer criterios claros sobre cuándo y cómo puede utilizarse.
En este contexto, la argumentación, la resolución de problemas, la aplicación de conocimientos y la capacidad de explicar el proceso seguido adquieren especial relevancia para evidenciar el aprendizaje.
Pensamiento crítico y uso responsable
La inteligencia artificial puede generar respuestas rápidas y bien estructuradas, pero no toda la información que proporciona es necesariamente correcta o completa.
Por ello, el pensamiento crítico es fundamental para analizar las respuestas, contrastar fuentes y construir conclusiones propias.
“Una respuesta puede estar muy bien redactada y, aun así, contener errores, omitir perspectivas o presentar una interpretación como si fuera la única posible.”
El uso responsable también implica verificar la información, proteger los datos personales y reconocer la intervención de la inteligencia artificial cuando corresponda.
¿Cómo utilizar la IA de manera responsable?
Para docentes y estudiantes, el punto de partida debería ser definir qué se quiere aprender antes de decidir utilizar una herramienta de inteligencia artificial.
“Mi principal recomendación es que cada uso de la IA tenga un propósito de aprendizaje. Antes de utilizarla, deberíamos preguntarnos qué queremos comprender o qué capacidad necesitamos desarrollar.”
Para los estudiantes, esto significa mantener hábitos fundamentales como leer, escribir, investigar y elaborar ideas propias. Para los docentes, implica experimentar con estas herramientas, comprender sus posibilidades y limitaciones, y establecer criterios claros para su utilización en cada actividad.
La inteligencia artificial puede ampliar las posibilidades de aprendizaje, pero no sustituye la capacidad humana de analizar, cuestionar, crear y tomar decisiones.
El desafío no está simplemente en aprender a utilizar la inteligencia artificial, sino en hacerlo sin dejar de pensar por nosotros mismos.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.
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