
Las redes sociales permiten comunicarnos de manera inmediata, pero la conexión digital no siempre se convierte en cercanía emocional. Psicólogos de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI) analizan una paradoja cada vez más presente en la vida cotidiana.
Podemos tener cientos de contactos, recibir mensajes durante todo el día y permanecer activos en las redes sociales, pero aun así experimentar una sensación de soledad. La paradoja está en que la tecnología multiplicó las posibilidades de comunicación, mientras las relaciones humanas continúan necesitando algo que una pantalla no puede garantizar: escucha, cercanía, presencia y sentido de pertenencia.
Para el Mgtr. Christian Peñafiel M., psicólogo de Bienestar Universitario Estudiantil de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), estar conectados no significa necesariamente sentirse acompañados. Las redes sociales facilitan mensajes, reacciones y conversaciones rápidas, aunque muchas de estas interacciones no alcanzan la profundidad emocional de una conversación cercana o del tiempo compartido presencialmente.
El especialista advierte, además, que observar constantemente la vida aparentemente perfecta de otras personas puede generar comparaciones y la percepción de que los demás mantienen relaciones más satisfactorias. Así, las notificaciones pueden aumentar mientras permanece una necesidad emocional que requiere vínculos significativos y relaciones capaces de generar cercanía.
Cuando la pantalla desplaza a quienes tenemos cerca
Desde la carrera de Psicología de UNEMI, el Mgtr. Washington Miranda plantea que el desarrollo de la comunicación digital permitió una interconexión global e inmediata, pero advierte que la interacción puede quedar limitada a la ventana del teléfono celular y sus aplicaciones.
La persona puede terminar alejándose de quienes tiene físicamente cerca mientras permanece vinculada a una red virtual.
La escena puede observarse en espacios cotidianos: grupos de personas reunidas físicamente, pero cada una concentrada en su dispositivo. Para Miranda, esta situación puede contribuir al aislamiento social y a la soledad, con posibles efectos relacionados con la frustración y la depresión.
El planteamiento pone sobre la mesa una diferencia fundamental: comunicarse permanentemente no equivale necesariamente a relacionarse de manera profunda.
¿Conectividad o vinculación?
El Dr. Holger Romero, docente de la carrera de Psicología de UNEMI, lleva la reflexión hacia otro terreno. A su criterio, existe una confusión entre conectividad y vinculación.
Las pantallas pueden proporcionar una respuesta inmediata frente al aislamiento, pero esa experiencia puede quedarse corta cuando se trata de satisfacer necesidades afectivas más profundas.
Romero señala que la tecnología también puede convertirse en una forma de protegerse frente al rechazo. Editar, filtrar y controlar aquello que mostramos permite construir una imagen determinada ante los demás, mientras la intimidad y los vínculos requieren espacios de vulnerabilidad, presencia física y capacidad para afrontar las incomodidades propias de una relación humana.
Otro elemento señalado por el docente es la búsqueda de aprobación. Las métricas y los “likes” pueden convertir el sentido de pertenencia en una búsqueda constante de validación. El problema aparece cuando la persona percibe que los demás están reaccionando ante una imagen cuidadosamente construida y no necesariamente ante quien es en realidad.
Relaciones que también necesitan tiempo
La inmediatez plantea otro reto para las relaciones interpersonales. Romero sostiene que acostumbrarse a respuestas rápidas y a interacciones bajo mayor control puede disminuir la tolerancia frente a la frustración que forma parte de los vínculos humanos.
Las relaciones requieren paciencia, empatía, escucha y capacidad para gestionar conflictos, elementos que difícilmente pueden sustituirse mediante una interacción digital.
Los tres especialistas abordan el fenómeno desde perspectivas diferentes, pero sus reflexiones confluyen en una idea: estar conectado no garantiza sentirse acompañado.
La tecnología permite mantener contacto con personas distantes, ampliar las posibilidades de comunicación y sostener relaciones que de otra manera serían más difíciles de conservar. Sin embargo, los vínculos significativos necesitan experiencias que van más allá de una pantalla.
¿Tenemos que desconectarnos?
La respuesta no necesariamente está en abandonar la tecnología, sino en reconocer sus límites y recuperar espacios de interacción significativa.
Una conversación frente a frente, escuchar sin interrupciones, compartir tiempo y afrontar las dificultades propias de una relación forman parte de experiencias que la conectividad digital puede acompañar, pero no sustituir.
Después de las notificaciones, los mensajes y las reacciones queda una pregunta que atraviesa la experiencia contemporánea: ¿cuánto de nuestra vida social estamos compartiendo realmente y cuánto estamos observando desde una pantalla?
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.
