
La exposición constante a notificaciones, videos y contenidos breves puede influir en nuestros hábitos de atención y dificultar la desconexión. Especialistas de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI) explican qué ocurre cuando el uso de las redes comienza a ocupar demasiado espacio en la vida cotidiana.
Revisar una notificación, responder un mensaje, deslizar un video o esperar un nuevo “me gusta” son acciones que forman parte de la rutina diaria de millones de personas. Aunque parecen actividades breves, la exposición constante a estos estímulos mantiene al cerebro recibiendo novedades de manera continua, una dinámica que puede influir en la atención, la concentración y el descanso.
El Mgtr. Christian Peñafiel, psicólogo de Bienestar Universitario de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), explica que las redes sociales ofrecen estímulos rápidos y constantes que pueden activar el sistema de recompensa del cerebro. En este proceso interviene la dopamina, un neurotransmisor relacionado con la motivación y la búsqueda de recompensas.
“Cuando este hábito se vuelve excesivo, puede resultar más difícil mantener la atención durante mucho tiempo, tolerar actividades menos estimulantes o desconectarnos de la pantalla”, señala Peñafiel.
Desde esta perspectiva, el problema no está necesariamente en utilizar redes sociales, sino en la frecuencia y el tiempo que ocupan dentro de la vida cotidiana.
¿Por qué queremos revisar el celular una y otra vez?
La Mgtr. Joselin Noboa Cueva, psicóloga de Servicios de Bienestar Universitario de UNEMI, coincide en que el uso prolongado puede generar una exposición permanente a estímulos y recompensas rápidas.
Esta dinámica puede incrementar la necesidad de revisar el celular y dificultar la desconexión, especialmente cuando el dispositivo permanece al alcance durante gran parte del día.
La especialista plantea una mirada equilibrada frente a este fenómeno: “No se trata de satanizar las redes, sino de aprender a usarlas de manera consciente y equilibrada”, sostiene Noboa.
Las plataformas digitales forman parte de la comunicación, el entretenimiento, el estudio y otras actividades cotidianas. Por ello, el desafío no necesariamente consiste en eliminarlas, sino en identificar cuándo su uso comienza a interferir con otras actividades.
El cerebro busca la siguiente novedad
Desde el campo de la Medicina, el Dr. Ángel Jiménez, docente de la carrera de Medicina de UNEMI, explica que una notificación, un mensaje o un contenido de interés puede activar el sistema de recompensa cerebral. La dopamina interviene en este proceso y puede generar motivación para continuar explorando nuevos contenidos.
“Por eso muchas veces entramos a revisar algo ‘un momento’ y terminamos pasando mucho más tiempo del que habíamos pensado”, señala Jiménez.
El especialista añade que la exposición continua a contenidos breves y cambiantes puede acostumbrarnos a una dinámica de estímulos rápidos. Esto puede hacer más difícil sostener la atención en actividades que requieren períodos prolongados de concentración.
Leer un texto extenso, estudiar, desarrollar una tarea o permanecer concentrado en una sola actividad compite entonces con un entorno digital diseñado para ofrecer novedades de manera constante.
Cuando las redes también ocupan las horas de sueño
Otro aspecto relacionado con el uso excesivo es el descanso.
Cuando las redes sociales ocupan parte del tiempo destinado a dormir, pueden aparecer cansancio mental, dificultades de concentración e irritabilidad. Jiménez advierte, además, que utilizar dispositivos hasta altas horas de la noche puede interferir con el descanso.
El problema puede aparecer cuando unos minutos frente al teléfono se convierten en períodos más largos y terminan desplazando las horas necesarias de sueño.
A esto se suma la exposición permanente a publicaciones sobre la vida de otras personas. Según el docente de Medicina de UNEMI, este contacto continuo con contenidos sociales puede influir en el estado de ánimo, especialmente cuando desplaza actividades necesarias para el bienestar cotidiano.
¿Cuándo debería preocuparnos?
Los especialistas coinciden en que las redes sociales forman parte de la vida contemporánea y que su uso no debe entenderse desde una perspectiva de prohibición.
Una señal importante aparece cuando el tiempo frente a la pantalla comienza a desplazar el descanso, la concentración, las relaciones interpersonales o las responsabilidades diarias.
Observar cuánto tiempo utilizamos las plataformas, identificar qué situaciones nos llevan a revisar constantemente el teléfono, establecer momentos de desconexión y proteger las horas de descanso pueden contribuir a desarrollar una relación más consciente con la tecnología.
Desde la Psicología y la Medicina, comprender estos comportamientos permite ir más allá de contabilizar las horas frente a una pantalla y preguntarnos qué lugar están ocupando las redes sociales dentro de nuestra rutina.
La recomendación, entonces, no es abandonar las plataformas digitales, sino recuperar la capacidad de decidir cuándo utilizarlas y cuándo desconectarse.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.



