
El matrimonio ha perdido peso frente a otras formas de convivencia en distintos países, mientras las nuevas generaciones construyen sus relaciones y proyectos familiares de maneras diferentes. Educación, autonomía, condiciones económicas y cambios culturales forman parte de una transformación que también se observa en América Latina.
Durante décadas, el matrimonio formó parte de una secuencia de vida que parecía establecida: estudiar, trabajar, casarse y tener hijos. Para muchas personas jóvenes, ese recorrido ya no necesariamente ocurre en ese orden.
Hoy, terminar una carrera, alcanzar cierta estabilidad laboral, desarrollar un proyecto profesional o conseguir independencia económica pueden ocupar un lugar prioritario antes de pensar en el matrimonio. Al mismo tiempo, algunas parejas deciden convivir sin casarse y otras simplemente no consideran el matrimonio como una condición indispensable para construir una relación estable.
Más que la desaparición de las relaciones de pareja, lo que se observa es una transformación en la manera de construirlas.
El matrimonio ya no es el único camino
América Latina tiene una particularidad: las uniones consensuales o convivencias sin matrimonio formal no son un fenómeno nuevo. Han formado parte históricamente de las estructuras familiares de la región.
Sin embargo, investigaciones demográficas muestran que este tipo de convivencia se ha extendido hacia grupos sociales y educativos en los que anteriormente era menos frecuente. Estudios publicados en Demographic Research identifican la aparición y expansión de formas de cohabitación asociadas también con mujeres de mayor nivel educativo e independencia.
Esto significa que una pareja puede compartir vivienda, construir un proyecto común e incluso formar una familia sin que necesariamente exista un matrimonio legal.
El cambio también forma parte de una tendencia más amplia. En los países de la OCDE, la edad promedio al primer matrimonio aumentó considerablemente: a comienzos de la década de 1990 se situaba alrededor de los 25 años para las mujeres y 28 para los hombres; para 2021 había aumentado a cerca de 32 y 34 años, respectivamente.
Estudiar también modifica los tiempos
La educación aparece como otro elemento relacionado con el momento en que las personas forman una pareja.
Un análisis de la OCDE sobre América Latina encontró que, entre personas de 16 a 29 años, quienes se encuentran estudiando presentan una menor frecuencia de convivencia en pareja que quienes no estudian. La organización señala que, entre los jóvenes, permanecer dentro del sistema educativo parece retrasar el momento de comenzar a vivir con una pareja.
Esto ayuda a comprender por qué las trayectorias familiares no pueden analizarse de manera aislada de otros cambios sociales. Una mayor permanencia en los sistemas educativos y el desarrollo de proyectos profesionales pueden modificar los tiempos en que determinadas decisiones personales son tomadas.
Sin embargo, la realidad latinoamericana es diversa. La investigación demográfica muestra diferencias importantes según el nivel educativo, el contexto socioeconómico y el país, por lo que no existe una única explicación para los cambios en la formación de parejas.
¿La economía también influye?
Casarse y formar un hogar implica decisiones que también tienen una dimensión económica.
Empleo, ingresos, vivienda e independencia financiera pueden intervenir en la manera en que una persona imagina su futuro. Para algunos jóvenes, alcanzar determinadas condiciones antes de asumir compromisos familiares se convierte en parte de su proyecto personal.
Esto no significa que la situación económica explique por sí sola por qué alguien decide casarse o no hacerlo. Las decisiones de pareja están atravesadas por múltiples factores: expectativas personales, educación, autonomía, normas sociales, experiencias familiares y condiciones económicas.
Por eso, hablar de una generación que simplemente “ya no quiere casarse” resulta insuficiente para explicar un fenómeno mucho más complejo.
También cambiaron las expectativas sobre la pareja
La transformación no es únicamente económica.
Las nuevas generaciones se desarrollan en sociedades donde existe una mayor diversidad de formas de entender las relaciones, la convivencia y la familia. En ese escenario, el matrimonio puede continuar siendo importante para muchas personas sin representar necesariamente el único camino posible.
La expansión de la convivencia sin matrimonio formal en América Latina muestra precisamente esa diversidad. Estudios demográficos han documentado que la cohabitación ha aumentado en la mayoría de los países de la región y se ha extendido más allá de los grupos en los que tradicionalmente había tenido mayor presencia.
Esto también modifica la relación entre matrimonio, convivencia y maternidad o paternidad. Construir una familia y contraer matrimonio ya no necesariamente ocurren al mismo tiempo ni en el mismo orden.
¿Estamos ante el fin del matrimonio?
Los cambios observados no permiten afirmar que el matrimonio esté desapareciendo.
Lo que muestran es que casarse comparte espacio con otras formas de construir relaciones y proyectos familiares, mientras la edad, el momento y las circunstancias en que las personas toman estas decisiones también se transforman.
Incluso dentro de una misma generación existen diferencias importantes. Para algunas personas, el matrimonio continúa siendo una aspiración personal y familiar; para otras puede llegar después de cumplir determinadas metas; y para algunas simplemente no forma parte de su proyecto de vida.
Por eso, más que preguntarnos si las nuevas generaciones dejaron de creer en el matrimonio, quizá resulte más útil preguntarnos qué esperan actualmente de una relación y bajo qué condiciones desean construir un proyecto en común.
Una transformación que también interesa a la academia
Estos cambios abren preguntas para disciplinas como la Psicología, la Sociología, el Trabajo Social, la Economía y otras áreas relacionadas con el estudio de las personas y la sociedad.
¿Cómo influyen las condiciones económicas en las decisiones de pareja? ¿Qué papel tienen la educación y la autonomía? ¿Cómo han cambiado las expectativas sobre el matrimonio? ¿Qué significa hoy construir una familia para una persona joven?
Las respuestas no son iguales para todos los países ni para todas las personas.
Lo que sí evidencia la investigación es que las formas de construir pareja y familia están cambiando. El matrimonio continúa siendo una opción, pero se desarrolla dentro de un escenario en el que las personas cuentan con diferentes posibilidades para organizar sus relaciones y sus proyectos de vida.
UNEMI Explica: conocimiento especializado para comprender los cambios que están transformando nuestra sociedad.


