
Hablar sobre salud mental, identificar cambios de comportamiento y acercar a las personas hacia ayuda profesional son acciones que contribuyen a la prevención del suicidio.
Septiembre Amarillo abre un espacio para hablar sobre salud mental y prevención del suicidio. La iniciativa busca generar conciencia sobre la importancia de reconocer situaciones de crisis, escuchar a quienes atraviesan momentos difíciles y facilitar el acceso oportuno a profesionales capacitados.
Las crisis emocionales pueden aparecer ante circunstancias esperadas o inesperadas que generan un impacto significativo en la vida de una persona. Situaciones familiares, sociales, de pareja o económicas pueden convertirse en factores de tensión, especialmente cuando se acumulan otras dificultades.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera al suicidio como un fenómeno multifactorial, en el que pueden intervenir factores psicológicos, sociales, culturales, biológicos y ambientales. Por ello, reconocer cambios en el comportamiento y prestar atención a determinadas expresiones puede contribuir a una intervención oportuna.
Cuando aparecen cambios que requieren atención
Durante una crisis emocional pueden presentarse modificaciones en la conducta, el estado de ánimo y los hábitos cotidianos. El aislamiento, la tristeza persistente, la irritabilidad, el llanto frecuente, la pérdida de interés por actividades habituales y las alteraciones del sueño o del apetito pueden requerir atención, especialmente cuando representan un cambio repentino respecto al comportamiento habitual.
La Mgtr. Erika Ruperti Lucero, directora de la carrera de Psicología en línea de la Universidad Estatal de Milagro (UNEMI), explica que las crisis emocionales pueden estar relacionadas con situaciones que impactan diferentes ámbitos de la vida.
“Las expresiones que pueden observarse de tristeza, aislamiento, falta de apetito, falta de sueño pudieran ser la antesala de la pérdida de sentido de vida”, señala la especialista.
Ruperti, precisa que la frecuencia y la intensidad de estas manifestaciones permiten identificar señales de alerta y de riesgo. Entre ellas menciona la pérdida del apetito y de peso, náuseas, pérdida del disfrute de la vida, evitar diálogos familiares y limitar la participación en espacios sociales, familiares o educativos.
Una señal aislada no necesariamente significa que exista una crisis grave. Sin embargo, la presencia simultánea de varios cambios, una modificación repentina del comportamiento o cualquier expresión relacionada con querer morir o hacerse daño debe tomarse con seriedad.
Las palabras también pueden ser señales de alerta
Frases como “ya no puedo más”, “nada tiene sentido” o “quisiera desaparecer”, así como expresiones relacionadas con sentirse una carga, pueden evidenciar un nivel de sufrimiento que requiere atención.
También pueden presentarse una disminución repentina del rendimiento académico o laboral, dificultades para concentrarse, abandono de actividades cotidianas, consumo problemático de alcohol u otras sustancias y comportamientos impulsivos.
La atención debe incrementarse cuando existen expresiones directas relacionadas con la intención de morir, planes para hacerse daño o búsqueda de medios para hacerlo.
“Hoy en día, la simple manifestación del querer dejar de existir se convierte en la activación inmediata de protocolos de acompañamiento de salud mental”, explica Ruperti.
¿Cómo acompañar sin juzgar?
Ante una persona que atraviesa una situación emocional difícil, el primer paso es acercarse con calma, empatía y disposición para escuchar. Una conversación puede comenzar con una pregunta sencilla: “He notado que no estás bien, ¿quieres contarme qué está pasando?”
Cuando existe preocupación por posibles autolesiones o suicidio, hablar directamente sobre lo que la persona está sintiendo puede permitir conocer la situación y facilitar la búsqueda de ayuda.
El Psic. Christian Peñafiel Monserrate de la Dirección de Bienestar Universitario de la UNEMI, recomienda escuchar de manera activa, evitar interrupciones y no minimizar el sufrimiento de quien atraviesa una crisis.
Expresiones como “debes ser fuerte”, “hay personas que están peor” o “eso es solo una etapa” pueden dificultar que la persona continúe hablando sobre lo que siente. Frente a ello, frases como “entiendo que esto está siendo muy difícil” o “gracias por confiarme lo que estás viviendo” pueden generar un espacio de mayor apertura.
Peñafiel, destaca que acompañar no significa tener todas las respuestas ni asumir el rol de un terapeuta. Implica escuchar, tomar en serio lo que ocurre, facilitar el contacto con profesionales y permanecer cerca cuando sea necesario.
Cuando existe un riesgo inmediato
Si una persona manifiesta intención de suicidarse, tiene un plan o dispone de medios para hacerse daño, la situación requiere atención inmediata. En estos casos, es importante no dejarla sola, procurar que permanezca acompañada y buscar ayuda profesional o de los servicios de emergencia.
“Lo más importante es acercarse con calma, empatía y disposición para escuchar”, señala Peñafiel, quien agrega que, cuando existe un riesgo inminente, se debe actuar de manera oportuna y contactar a familiares o servicios de salud.
El acompañamiento tampoco termina necesariamente después de una crisis. Mantener el contacto, realizar una llamada, enviar un mensaje o simplemente permanecer disponible puede contribuir a que la persona se sienta acompañada durante su proceso.
Prevenir es hablar, escuchar y actuar
Septiembre Amarillo permite recordar que la prevención del suicidio requiere participación colectiva. Familiares, amigos, compañeros, docentes y profesionales pueden contribuir a reconocer cambios, escuchar sin juzgar y acercar a las personas hacia redes de apoyo.
En el ámbito universitario, promover espacios de orientación y atención en salud mental permite que estudiantes y demás integrantes de la comunidad universitaria encuentren acompañamiento frente a situaciones que puedan afectar su bienestar emocional.
La prevención comienza con acciones que pueden parecer sencillas: preguntar cómo está una persona, escuchar su respuesta, tomar en serio sus expresiones y orientarla hacia ayuda profesional cuando sea necesario.
Hablar de salud mental durante septiembre es importante. Mantener abierta esa conversación durante todo el año es parte de la prevención.



